Tengo 33 años y soy del conurbano bonaerense, nacido y criado en Monte Grande. Vengo de una historia de mucho esfuerzo: soy el primer profesional de mi familia, el primero en terminar la secundaria y el primero en haber podido ir a la universidad.
Trabajo desde los 17 años. Durante años, mi rutina fue esa: remarla laburando de día y cursar Derecho de noche en la UBA hasta conseguir recibirme.
Si decidí ser abogado no fue por vocación romántica, sino por algo más visceral: me enervaban las injusticias. Me molestaba ver que los poderosos siempre encontraban la vuelta rápida a sus problemas, mientras que el resto de los mortales tenía que esperar, resignarse o chocar contra paredes de burocracia e indiferencia.
Me tocó atravesar conflictos propios y lidiar con profesionales del derecho. A veces, no encontré ni la empatía ni la cercanía que necesitaba. Por eso hoy ejerzo la profesión de manera liberal y elijo ser exactamente el abogado que a mí me hubiera gustado tener enfrente cuando me ahogaba en un problema que creía no tenía solución.
No me creo superior por tener un título; simplemente tengo un conocimiento técnico y herramientas que vos necesitás en este momento para destrabar tu cabeza. Por eso no busco clientes en masa: busco personas. Quiero ofrecerte un acompañamiento real, que entiendas qué pasa en tu expediente, que aprendas en el proceso y que sepas que, del otro lado, hay alguien que te va a mandar un mensaje para ver cómo estás y cómo recibiste la noticia.
Soy el abogado que te habla de igual a igual. Porque sé lo que pesa cargar con un problema legal a cuestas.